domingo, 12 de julio de 2015

Francisco: "Queremos jóvenes con esperanza y fortaleza, porque conocen a Jesús, porque tienen un corazón libre"

Francisco, junto a Orlando, Lis y Manuel

Improvisado y emocionado discurso de despedida del Papa ante 70.000 chicos y chicas


"La libertad es un regalo que nos da Dios, pero hay que saber recibirlo, saber tener el corazón libre"

Jesús Bastante, 13 de julio de 2015

(Jesús Bastante).- "Hagan lío y organícenlo bien. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos de solidaridad, que nos dé esperanza, un lío que nazca de haber conocido a Jesús y de saber que Dios es mi fortaleza". Ante decenas de miles de jóvenes, y antes de irse de Paraguay, Francisco hizo el discurso más emotivo de esta histórica gira. Y lo hizo pidiendo al Señor "enseñarnos a soñar", sobre la base de los testimonios de Lis, Manuel y Orlando, tres jóvenes paraguayos.

"Como sabía las preguntas, había escrito un discurso para ustedes, para dárselo, pero los discursos son aburridos, así que se lo dejo al señor obispo para que lo publique. Y ahora, antes de irme les pido, primero que sigan rezando por mí. Segundo, que sigan haciendo lío. Tercero, que ayuden a organizar el lío que hacen para que no destruya nada. Y todos juntos ahora en silencio vamos a elevar el corazón a Dios", culminó el Papa sus palabras, emocionado y levantando al auditorio de la Costanera de Asunción. Decenas de miles de jóvenes, 70.000 según la organización, le esperaban.

Fue un encuentro de agradecimiento compartido. De los jóvenes al Papa que les ha insuflado esperanza; del Papa, a los jóvenes, que le han adoptado como uno de ellos. Y es que el "huracán Francisco" no ha perdido un ápice de vigor. "Gracias Santo Padre, mensajero de alegría y paz. Gracias, Santo Padre, por bendecir Paraguay", cantaban a voz en grito miles de chicos y chicas.
"Si es posible, vuelva nuevamente, y muy pronto, al Paraguay", le pidió el obispo responsable de la Pastoral Juvenil. Los jóvenes despidieron al Papa con una representación de ballet, música y esencias naturalistas e indígenas, que en Europa sonaría a New Age pero en Paraguay es un síntoma de confluencia de identidades, de suma de peculiaridades de un pueblo agradecido. Algo que ha sido una constante en los discursos del Papa, especialmente en este último tramo de la visita papal. Lejos de los protagonismos presidencialistas de Correa y Evo Morales, Horacio Cartes ha ocupado un discreto primer plano, lo que ha hecho más sencillo que el aura del Papa Francisco brillara con mayor fuerza. 
 El Papa tomaba constantemente notas mientras los jóvenes ofrecían sus testimonios:Lis, una chica cuya madre padece Alzheimer (el Papa hizo una indicación a su secretario, para que le diera dos rosarios, uno para ella y otra para su mamá), Manuel, un joven abandonado por sus padres que llegó a ser adicto a las drogas; yOrlando, quien leyó el Evangelio de las Bienaventuranzas, y tras abrazar al Papa, le pidió al oído que "rezara por la libertad de todos y cada uno de nosotros".
Así arrancó Francisco su discurso improvisado. "Orlando me pidió que rezara por la libertad de todos y cada uno de nosotros, de todos. Es la bendición que pedimos ahora todos juntos. La libertad. La libertad es un regalo que nos da Dios, pero hay que saber recibirlo, saber tener el corazón libre". Y es que "todos sabemos que en el mundo hay tantos lazos que nos atan el corazón: la explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción, la tristeza, todas esas cosas nos quitan la libertad. Así que todos juntos agradeciendo a Orlando que haya pedido esta bendición, tener el corazón libre, un corazón que pueda decir lo que piensa, hacer lo que siente, ese es un corazón libre. Y eso es lo que vamos a pedir todos juntos".
"Repitan conmigo -pidió el Papa a la multitud-: Señor Jesús, dame un corazón libre. Que no sea esclavo de todas las trampas del mundo. Que no sea esclavo de la comodidad, del engaño. Que no sea esclavo de la buena vida. Que no sea esclavo de los vicios. Que no sea esclavo de una falsa libertad que es hacer lo que me gusta en cada momento", y todos corearon esta oración.
"Hemos escuchado dos testimonios, el de Lis y el de Manuel. Lis, con su vida, nos enseña que no hay que ser como Poncio Pilato, lavarse las manos". Esta chica "podía haber tranquilamente puesto a su mamá en un asilo, a su abuela en otro asilo, y vivir su vida de joven, divirtiéndose, estudiando lo que quería, y dijo no. La abuela, la mamá... y Lis se convirtió en sierva, en servidora, y si quieren más fuerte, en sirvienta de la mamá y de la abuela, y lo hizo con cariño".
Una madre con "esa enfermedad tan cruel que confunde las cosas", pero Lis continuó adelante graicas a las "solidaridad". "Tiene un corazón libre. Lis cumple el cuarto mandamiento: honrarás a tu madre y a tu padre. Lis muestra su vida, la quema, en el servicio a su madre. Es un grado altísimo de solidaridad, de amor. ¿Se puede amar? Ahí tienen alguien que nos enseña a amar".

Después se dirigió a Manuel, a quien "no le regalaron la vida. Manuel no es un nené bien, no es un chico a quien la vida le fue fácil. Dijo palabras duras: fui explotado, fui maltratado, a riesgo de caer en las adicciones. Estuve solo. Explotación, maltrato y soledad, y en vez de salir a hacer maldades, a robar, se fue a trabajar. En vez de salir a vengarse de la vida, Manuel usó una frase linda: pude salir adelante".
"Aquí tuvimos un testimonio de un muchacho que supo lo que era el dolor, la tristeza, que fue explotado, maltratado, no tenía que comer y estaba solo", y que salió adelante, resaltó el Papa. "Libertad de corazón, servicio, solidaridad, esperanza, trabajo, luchar por la vida, salir adelante".

 "Como ven la vida no es fácil para muchos jóvenes, y esto quiero que se lo metan en la cabeza" pidió el Papa a las 70.000 almas de la Costanera de Asunción. "Hay otros chicos que la desesperación los empuja a la delincuencia, al delito, a colaborar con la corrupción. A esos chicos les tenemos que decir que nosotros estamos cerca, que queremos darle una mano, ayudarlo, con solidaridad. Con amor. Con esperanza".
Utilizando dos frases de Lis y Manuel, el Papa subrayó que "conocer a Jesús es abrir la puerta a al esperanza. Conocer a Dios es fortaleza. Es esperanza y fortaleza, y eso es lo que necesitamos de los jóvenes hoy". "No queremos jóvenes debiluchos, que están ahí no más, ni sí ni no, no queremos jóvenes que se cansen rápido, y que vivan cansados, con cara de aburridos. Queremos jóvenes fuertes, queremos jóvenes con esperanza y fortaleza, porque conocen a Jesús, porque tienen un corazón libre", gritó.
"Corazón libre, solidaridad, trabajo, esperanza, esfuerzo, conocer a Jesús, conocer a Dios mi fortaleza. Un joven que viva así ¿tiene la cara aburrida? ¿Tiene el corazón triste? No, ése es el camino. Pero para eso hace falta sacrificio, andar contracorriente", concluyó el Papa, quien recomendó a los jóvenes que releyeran constantemente las Bienaventuranzas, "que son el plan de Jesús, un plan contracorriente".

sábado, 11 de julio de 2015

Domingo 15º del tiempo ordinario, ciclo B



Amós 7,12-15
Ve y profetiza a mi pueblo
En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, a Amós: "Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país." Respondió Amós: "No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.""
Salmo responsorial: 84
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: / "Dios anuncia la paz / a su pueblo y a sus amigos." / La salvación está ya cerca de sus fieles, / y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, / la justicia y la paz se besan; / la fidelidad brota de la tierra, / y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará lluvia, / y nuestra tierra dará su fruto. / La justicia marchará ante él, / la salvación seguirá sus pasos. R.
Efesios 1,3-14
Nos eligió en la persona de Cristo, antes de Crear el mundo
Bendito sea Dios, Padre nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
[Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.]
Marcos 6,7-13
Los fue enviando
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: "Quedense en la casa donde entren, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si un lugar no les reciben ni les escuchan, al marcharse  sacudanse el polvo de los pies, para probar su culpa." Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

El Papa en Caacupé: "Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América"

El Papa, en la misa de Caacupé

"Estar aquí con ustedes es sentirme en casa, a los pies de nuestra Madre"


"Los paraguayos tienen la memoria viva de una pueblo que hizo carne el Evangelio"

José Manuel Vidal, 11 de julio de 2015

(José Manuel Vidal).- Misa grande en el santuario de Caacupé, corazón mariano de Paraguay. Francisco, rodeado de cientos de miles de personas, aprovecha el lugar y la ocasión para hacer un canto a la mujer paraguaya, "la más gloriosa de América", memoria "via de un apueblo que hizo carne el Evangelio".
Dos enormes banderas de Paraguay y de la Santa Sede descienden por ambos lados de la imponente basílica mariana.
El altar, que se asoma a la esplanada delantera del santuario, decorado cona unaenorme M de María. La música muy guaraní y profundamente popular.
De hecho, la primera lectura es leída en guaraní. El Evangelio, cantado en español.
Algunas frases de la homilía del Papa
"Estar aquí con ustedes, es sentirme en casa, a los pies de nuestra madre la Virgen"  "Un lugar de fiesta, de encuentro, de familia"  "Acá se está en casa y alguien nos espera"  "Este santuario es parte vital del pueblo paraguayo, que así lo sienten, lo rezan y lo cantan"  "María es la madre del Sí"  "Un sí que no fue nada fácil"  "Un sí que no la llenó de privilegios"  "Tres momentos difíciles en la vida de María"  "Primero, el nacimiento de Jesús. No había lugar para ellos"  "Estaban solos".
 
"Segundo momento, la huída a Egipto. Tuvieron que exilarse" "Tuvieron que marcharse a tierra extranjera" "Tercer momento, la muerte de Jesús" "No hay situación más difícil para una madre, que acompañar la muerte de su hijo"  "Al pie de la cruz, firme, sin abandonar"  "Allí también pudo preguntarse: ¿Dónde está lo que me dijo el ángel?"  "Ella comprende nuestra realidades" "Ella es la madre de la Iglesia"
"Su vida es testimonio de que Dios no abandona a su pueblo"  "Estuvo atenta"  "Es la madre que ha estado a nuestro lado"  "María ha estado y está al lado de sus hijos"  "Ha estado y está en las mesas de cada hogar"  "No vamos sólos. Ella nos acompaña"
"Los paraguayos tienen la memoria viva de una pueblo que hizo carne el Evangelio"  "Mujeres y madres paraguayas que, con gran valor y abnegación, han sabido levantar un país derrotado y hundiso por una guerra inicua"   "Ustedes tienen la genética de las que reconstruyeron el pueblo con la fe de María"  "Siguieron creyendo, incluso esperando contra toda esperanza y cuando todo parecía derrumbarse"  "NO dejar que esta tierra se desmadre" "Dios bendiga y aliente su fe"  "Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América" "LLamada a no perder la memoria ni las raíces" "Sigan primereando en el amor"
 

Texto completo de la homilía del Papa
Estar aquí con ustedes es sentirme en casa, a los pies de nuestra Madre la Virgen de los Milagros de Caacupé. En un santuario los hijos nos encontramos con nuestra Madre y entre nosotros recordamos que somos hermanos. Es un lugar de fiesta, de encuentro, de familia. Venimos a presentar nuestras necesidades, venimos a agradecer, a pedir perdón y a volver a empezar. Cuántos bautismos, cuántas vocaciones sacerdotales y religiosas, cuántos noviazgos y matrimonios nacieron a los pies de nuestra Madre.
Cuántas lágrimas y despedidas. Venimos siempre con nuestra vida, porque acá se está en casa y lo mejor es saber que hay alguien que nos espera.
Como tantas otras veces, hemos venido porque queremos renovar nuestras ganas de vivir la alegría del Evangelio.
Cómo no reconocer que este santuario es parte vital del pueblo paraguayo, de ustedes. Así lo sienten, así lo rezan, así lo cantan: «En tu Edén de Caacupé, es tu pueblo Virgen pura que te da su amor y fe». Y estamos hoy como el Pueblo de Dios, a los pies de nuestra Madre a darle nuestro amor y fe.
En el Evangelio acabamos de escuchar el anuncio del Ángel a María que le dice: «Alégrate, llena de gracia. El Señor está contigo». Alégrate, María, alégrate. Frente a este saludo, ella, quedó desconcertada y se preguntaba qué quería decir. No entendía mucho lo que estaba sucediendo. Pero supo que venía de Dios y dijo «sí». María es la madre del «sí». Sí, al sueño de Dios, sí al proyecto de Dios, sí a la voluntad de Dios.
Un «sí» que, como sabemos, no fue nada fácil de vivir. Un «sí» que no la llenó de privilegios o diferencias, sino que, como le dirá Simeón en su profecía: «A ti una espada te atravesará el corazón» (Lc 2,35). Y ¡vaya que se lo atravesó! Por eso la queremos tanto y encontramos en ella una verdadera Madre que nos ayuda a mantener viva la fe y la esperanza en medio de situaciones complicadas. Siguiendo la profecía de Simeón nos hará bien repasar brevemente tres momentos difíciles en la vida de María.
1. El nacimiento de Jesús. «No había un lugar para ellos» (Lc 2,7). No tenían una casa, una habitación para recibir a su hijo. No había espacio para que pudiera dar a luz. Tampoco familia cercana, estaban solos. El único lugar disponible era una cueva de animales. Y en su memoria seguramente resonaban las palabras del Ángel: »Alégrate María, el Señor está contigo». Y podía haberse preguntado: ¿Dónde está ahora?
 
2. La huida a Egipto. Tuvieron que irse, exiliarse. Allí no solo no tenían un espacio, ni familia, sino que incluso sus vidas corrían peligro. Tuvieron que marcharse e ir a tierra extranjera. Fueron migrantes por la codicia y la avaricia del emperador. Y allí podría haberse preguntado: ¿Dónde está lo que me dijo el Ángel?
3. La muerte en la cruz. No debe existir situación más difícil para una madre que acompañar la muerte de un hijo. Son momentos desgarradores. Ahí vemos a María, al pie de la cruz, como toda madre, firme, sin abandonar, acompañando a su Hijo hasta el extremo de la muerte y muerte de cruz. Y luego conteniendo y sosteniendo a los discípulos.
Vemos su vida, y nos sentimos comprendidos, entendidos. Podemos sentarnos a rezar y usar un lenguaje común frente a un sinfín de situaciones que vivimos a diario. Nos podemos identificar en muchas situaciones de su vida. Contarle de nuestras realidades porque ella las comprende.
Ella es la mujer de fe, es la Madre de la Iglesia, ella creyó. Su vida, es testimonio de que Dios no defrauda, no abandona a su Pueblo, aunque existan momentos o situaciones que parecen que Él no está. Ella fue la primera discípula que acompañó a su Hijo y sostuvo la esperanza de los apóstoles en los momentos difíciles. Fue la mujer que estuvo atenta y supo decir -cuando parecía que la fiesta y la alegría se terminaba-: «no tienen vino» (Jn 2,3). Fue la mujer que supo ir y estar con su prima Isabel «unos tres meses» (Lc 1,56) para que no estuviera sola en su parto.
Todo esto lo sabemos por el Evangelio, pero también sabemos que, en esta tierra, es la Madre que ha estado a nuestro lado en tantas situaciones difíciles. Este Santuario, guarda, atesora, la memoria de un pueblo que sabe que María es Madre y ha estado y está al lado de sus hijos.
 
Ha estado y está en nuestros hospitales, en nuestras escuelas, en nuestras casas. Ha estado y está en nuestros trabajos y en nuestros caminos. Ha estado y está en las mesas de cada hogar. Ha estado y está en la formación de la Patria, haciéndonos Nación. Siempre con una presencia discreta y silenciosa. En la mirada de una imagen, estampita o medalla. Bajo el signo de un rosario, sabemos que no vamos solos.
¿Por qué? Porque María quiso estar en medio de su Pueblo, con sus hijos, con su familia. Siguiendo siempre a Jesús, desde la muchedumbre. No quiso, como buena madre abandonar a los suyos, sino por el contrario, siempre se metió en donde un hijo pudiera estar necesitando de ella. Tan solo, porque es Madre.
Una Madre que aprendió a escuchar y a vivir en medio de tantas dificultades de aquel: «No temas, el Señor está contigo» (cf. Lc 1,30). Una madre que continúa diciéndonos: «Hagan lo que Él les diga» (Jn 2,5). Es su invitación constante y continúa: «Hagan lo que Él les diga». No tiene un programa propio, no viene a decirnos nada nuevo, tan solo su fe acompaña nuestra fe.
Ustedes lo saben, han hecho experiencia de esto que estamos compartiendo. Todos ustedes, todos los paraguayos tienen la memoria viva de un Pueblo que ha hecho carne estas palabras del Evangelio. Y quisiera referirme de modo especial a ustedes mujeres y madres paraguayas, que con gran valor y abnegación, han sabido levantar un País derrotado, hundido, sumergido por la guerra. Ustedes tienen la memoria, la genética de aquellas que reconstruyeron la vida, la fe, la dignidad de su Pueblo. Como María, han vivido situaciones muy pero muy difíciles, que desde una lógica común sería contraria a toda fe. Ustedes al contrario, al igual que María, impulsadas y sostenidas por su ejemplo, siguieron creyentes, inclusive «esperando contra toda esperanza» (Rm 4,18). Cuando todo parecía derrumbarse, junto a María se decían: No temamos, el Señor está con nosotras, está con nuestro Pueblo, con nuestras familias, hagamos lo que Él nos diga. Y allí encontraron ayer y encuentran hoy la fuerza para no dejar que esta tierra se desmadre. Dios bendiga ese tesón, Dios bendiga y aliente su fe, Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América.
Como Pueblo, hemos venido a nuestra casa, a la casa de la Patria paraguaya, a escuchar una vez más, esas palabras que tanto bien nos hacen: «Alégrate, el Señor está contigo». Es un llamado a no perder la memoria, las raíces, los muchos testimonios que han recibido de pueblo creyente y jugado por sus luchas. Una fe que se ha hecho vida, una vida que se ha hecho esperanza y una esperanza que los lleva a primerear en la caridad. Sí, al igual que Jesús, primereen en el amor. Sean ustedes los portadores de esta fe, de esta vida, de esta esperanza. Sean ustedes los forjadores de este hoy y mañana paraguayo.
Volviendo a mirar la imagen de María los invito a decir juntos: «en tu Edén de Caacupé, es tu pueblo Virgen pura que te da su amor y fe». Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

miércoles, 8 de julio de 2015

Una nueva generación que debe tener oportunidades.


Es un gran esfuerzo que realizamos en la Parroquia por mantener vivos los cursos de música y danza. Gracias a los amigos que hacen posible las clases este año, con la valiosa ayuda económica logramos beneficiar y promover a niños y jóvenes.

Pero necesitamos el patrocinio para el resto de cursos de música e incluso poder ofrecer cursos de teatro y pintura. 

Promover las artes en la niñez y juventud del campo nos traería enormes beneficios familiares y sociales.  

Apostemos en grande por la niñez y juventud del norte de San Miguel.  Ojalá que más  personas se animen y puedan colaborar, instituciones que se sumen por una causa digna y humana.

Pablo Edgardo Hernández
Párroco





martes, 7 de julio de 2015

"Un pobre que muere de frío y hambre no es noticia. ¡Pero si las bolsas bajan dos puntos, se arma un escándalo mundial!"

Francisco se hizo un selfie con un joven estudiante en silla de ruedas

"No cultiva quien no cuida, y no cuida quien no cultiva", recuerda el Papa a educadores y alumnos


"Entre los pobres más abandonados y maltratados en el mundo está nuestra oprimida y devastada Tierra"

Jesús Bastante, 07 de julio de 2015

(Jesús Bastante).- "Yo vivo en Roma. En invierno hace frío. Sucede muy cerquita del Vaticano, que aparezca un anciano a la mañana muerto de frío. No es noticia en ninguno de los diarios, en ninguna de las crónicas. Un pobre que muere de frío y de hambre hoy no es noticia. Pero si las bolsas de las principales capitales del mundo bajan dos o tres puntos, se arma el gran escándalo mundial". El Papa Francisco lanzó un durísimo mensaje sobre la responsabilidad para construir un mundo más humano durante su encuentro con los educadores y estudiantes ecuatorianos, a quienes invitó a "hacer lío", porque son "presente y futuro del Ecuador".
"No tengas miedo de soñar en grande", se podía leer en el fondo del escenario de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, donde el Papa Francisco mantuvo un encuentro con 8.000 representantes del mundo de la enseñanza del país. Fue un encuentro marcado por la emoción, la alegría y los abrazos, y por las palabras de la poetisa Gabriela Mistral, que reprodujo uno de los docentes en su intervención: ""La educación es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios".
Todo con un toque de desorden, que en ocasiones se tornaba casi peligroso. Miles de personas saltaron el dispositivo de seguridad para entrar a los aledaños del centro.
Antes de dar comienzo al acto, Bergoglio se detuvo ante un grupo de enfermos, con quienes compartó confidencias, abrazos, bendiciones... incluso un selfie con un adolescente, cuyos nervios le impedían sacar la imagen. Francisco se agachó hasta casi tocar el suelo para que la imagen quedara registrada en el teléfono, y el corazón, de aquel pequeño.
Los educadores viven un momento de dificultad. La crisis, la desigualdad, la pobreza marcan el presente y el futuro de los niños y niñas, y de sus maestros. La droga, el alcohol, las familias desestructuradas... son aspectos imprescindibles a la hora de plantear un futuro para la educación en Ecuador, y en toda América Latina.
Caroline, estudiante de la Universidad, fue la encargada de mostrar la realidad educativa ecuatoriana, que "está necesitada de maestros, de guías, que nos ayuden a ser regalos de amor a la Humanidad". "Corresponde al Estado ser facilitador, y no barrera. Sólo así podremos ser agentes de cambios positivos", apuntó la estudiante, quien recordó que fue el propio Papa quien les animó a "hacer lío".
Por su parte, los docentes católicos apostaron por una educación libre, de calidad y que no pierda los valores cristianos. "Nos enfrentamos a un entorno distinto, lleno de información, conectado... El mundo se ha vuelto más pequeño, y el ser humano más poderoso".

 En sus palabras, Francisco destacó cómo "Jesús, el Maestro, enseñaba a la muchedumbre y al pequeño grupo de los discípulos, acomodándose a su capacidad de percepción. Lo hacía con parábolas, porque el Señor siempre fue plástico en el modo de enseñar". De un modo "que todos podían entender", porque "Jesús no buscaba doctorear. Por el contrario, quiere llegar al corazón del hombre, a su inteligencia, a su vida, y que ésta dé fruto".
"La parábola del sembrador nos habla de cultivar. Nos muestra los tipos de tierra, de siembra, de frutos y la relación que se genera entre ellos. Y ya desde el génesis, Dios le susurra al hombre esta invitación: cultivar y cuidar", insistió el Santo Padre.
Porque Dios, en la Creación, al hombre "no sólo le da la vida, una pareja y un sinfín de posibilidades. Le hace una invitación, le da un misión: ser parte de su obra creadora". "Cultiva: te doy la tierra, el agua, el sol, te doy tus manos y las de tus hermanos. Ahí lo tienes, es tuyo. Es un regalo, es un don, una oferta, no es algo comprado, nos precede y nos sucederá".
"Dios no quiere una Creación para sí, para mirarse a sí mismo, todo lo contrario", subrayó el Papa, quien incidió en que "la creación es un don para ser compartido. Es el espacio que Dios nos da para construir con nosotros, para construir un "nosotros"".
"Nuestra vida siempre esconde esta invitación, que siempre permanece. Pero notemos una peculiaridad: en el relato del Génesis, junto a cultivar, aparece la palabra cuidar. No cultiva quien no cuida, y no cuida quien no cultiva". En un llamamiento muy cercano a las palabras utilizadas en Laudato Si, Francisco insistió en que "estamos llamados no sólo a cultivar la obra creadora, sino también invitados a cuidarla, protegerla, custodiarla".
 "Hoy, esta invitación se nos impone a la fuerza. Ya no como una mera recomendación, sino como un exigencia que nace por el daño que provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en nuestra Tierra"denunció, con dureza, Bergoglio. "Hemos crecido pensando que tan solo debíamos cultivar, que éramos sus propietarios, y dominadores. Autorizados quizás a expoliar la Tierra". De ahí que "entre los pobres más abandonados y maltratados que hay hoy en el mundo está nuestra oprimida y devastada Tierra"
"Hay algo que es claro: no podemos seguir dando la espalda a nuestra realidad, a nuestros hermanos, a nuestra madre Tierra. No nos es lícito ignorar lo que está sucediendo a nuestro alrededor, como si determinadas situaciones no existiesen o no tuvieran que ver con nuestra realidad. No es humano entrar en el juego de la cultura del descarte", señaló Francisco, recordando la pregunta que Dios hizo a Caín: "Dónde está tu hermano". "Yo me pregunto si nuestra respuesta seguirá siendo, ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?"
A los educadores, el Papa preguntó: "¿Velan por sus alumnos ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los incumbe, de lo que pasa alrededor?"
"¿Qué tipo de cultura queremos para nosotros y para nuestros hijos y nietos? Esta tierra la hemos recibido en herencia como un don, como un regalo. ¿Cómo la queremos dejar? ¿Qué sentido queremos imprimirle? ¿Para qué pasamos por este mundo, para qué estudiamos?", concluyó, afirmando que "no hay derecho a la exclusión".
 Discurso del Papa

Hermanos en el Episcopado,
Señor Rector,
Distinguidas autoridades,
Queridos profesores y alumnos,
Amigos y amigas:
Siento una gran alegría por estar esta tarde con ustedes en esta Pontificia Universidad del Ecuador, que desde hace casi setenta años, realiza y actualiza la fructífera misión educadora de la Iglesia al servicio de los hombres y mujeres de esta Nación. Agradezco las amables palabras con las que me han recibido y me han transmitido las inquietudes y las esperanzas que brotan en ustedes ante el reto, personal y social, de la educación.
En el Evangelio acabamos de escuchar cómo Jesús, el Maestro, enseñaba a la muchedumbre y al pequeño grupo de los discípulos, acomodándose a su capacidad de comprensión. Lo hacía con parábolas, como la del sembrador (Lc 8, 4-15). De una forma que todos podían entender. Jesús, no buscaba, «doctorear». Por el contrario, quiere llegar al corazón del hombre, a su inteligencia, a su vida, para que ésta dé fruto.
La parábola del sembrador, nos habla de cultivar. Nos muestra los tipos de tierra, los tipos de siembra, los tipos de fruto y la relación que entre estos se genera. Ya desde el Génesis, Dios le susurra al hombre esta invitación: cultivar y cuidar.
No solo le da la vida, le da la tierra, la creación. No solo le da una pareja y un sinfín de posibilidades. Le hace también una invitación, le da una misión. Lo invita a ser parte de su obra creadora y le dice: ¡cultiva! Te doy las semillas, la tierra, el agua, el sol, te doy tus manos y la de tus hermanos. Ahí lo tienes, es también tuyo. Es un regalo, un don, una oferta. No es algo adquirido, comprado. Nos precede y nos sucederá.
Es un don dado por Dios para que con Él podamos hacerlo nuestro. Dios no quiere una creación para sí, para mirarse a sí mismo. Todo lo contrario. La creación, es un don para ser compartido. Es el espacio que Dios nos da, para construir con nosotros, para construir un nosotros. El mundo, la historia, el tiempo es el lugar donde vamos construyendo el nosotros con Dios, el nosotros con los demás, el nosotros con la tierra. Nuestra vida, siempre esconde esa invitación, una invitación más o menos consciente, que siempre permanece.
Pero notemos una peculiaridad. En el relato del Génesis, junto a la palabra cultivar, inmediatamente dice otra: cuidar. Una se explica a partir de la otra. Una va de la mano de la otra. No cultiva quien no cuida y no cuida quien no cultiva.
No sólo estamos invitados a ser parte de la obra creadora cultivándola, haciéndola crecer, desarrollándola, sino que estamos invitados también a cuidarla, protegerla, custodiarla. Hoy esta invitación se nos impone a la fuerza. Ya no como una mera recomendación, sino como una exigencia que nace «por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesta en la tierra. Hemos crecido pensado tan solo que debíamos "cultivar" que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados quizás a expoliarla... por eso entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y desbastada tierra" (Laudato si' 2).
Existe una relación entre nuestra vida y la de nuestra madre la tierra. Entre nuestra existencia y el don que Dios nos dio. «El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podemos afrontar adecuadamente la degradación humana y social si no prestamos atención a las causas que tiene que ver con la degradación humana y social» (Laudato si' 48) Pero así como decimos se «degradan», de la misma manera podemos decir, «se sostienen y se pueden transfigurar». Es una relación que guarda una posibilidad, tanto de apertura, de transformación, de vida como de destrucción y de muerte.
Hay algo que es claro, no podemos seguir dándole la espalda a nuestra realidad, a nuestros hermanos, a nuestra madre la tierra. No nos es lícito ignorar lo que está sucediendo a nuestro alrededor como si determinadas situaciones no existiesen o no tuvieran nada que ver con nuestra realidad.
Una y otra vez, sigue con fuerza esa pregunta de Dios a Caín: «¿Dónde está tu hermano?». Yo me pregunto si nuestra respuesta seguirá siendo: «¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4, 9).
En este contexto universitario sería bueno preguntarnos sobre nuestra educación de frente a esta tierra que clama al cielo.
Nuestros centros educativos son un semillero, una posibilidad, tierra fértil que debemos cuidar, estimular y proteger. Tierra fértil sedienta de vida.
Me pregunto con Ustedes educadores: ¿Velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas a los múltiples desafíos que la sociedad nos plantea? ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda? ¿Cómo entra en la currícula universitaria o en las distintas áreas del quehacer educativo, la vida que nos rodea, con sus preguntas, interrogantes, cuestionamientos? ¿Cómo generamos y acompañamos el debate constructor, que nace del diálogo en pos de un mundo más humano?
Hay una reflexión que nos involucra a todos, a las familias, a los centros educativos, a los docentes: cómo ayudamos a nuestros jóvenes a no identificar un grado universitario como sinónimo de mayor status, dinero, prestigio social. Cómo ayudamos a identificar esta preparación como signo de mayor responsabilidad frente a los problemas de hoy en día, frente al cuidado del más pobre, frente al cuidado del ambiente.
Y con Ustedes, queridos jóvenes, presente y futuro de Ecuador, semilla de transformación de esta sociedad, quisiera preguntarme: ¿saben que este tiempo de estudio, no es sólo un derecho, sino un privilegio que tienen? ¿Cuántos amigos, conocidos o desconocidos, quisieran tener un espacio en esta casa y por distintas circunstancias no lo han tenido? En qué medida nuestro estudio, nos ayuda a solidarizarnos con ellos.
Las comunidades educativas tienen un papel fundamental, esencial en la construcción de la ciudadanía y de la cultura. No basta con realizar análisis, descripciones de la realidad; es necesario generar los ámbitos, espacios de verdadera búsqueda, debates que generen alternativas a las problemática existentes, sobre todo hoy.
Ante la globalización del paradigma tecnocrático que tiende a creer «que todo incremento del poder constituye sin más un progreso, un aumento de seguridad, de utilidad, de bienestar, de energía vital, de plenitud de valores, como si la realidad, el bien y la verdad brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico» (Laudato si' 105), se nos pide que con urgencia nos animemos a pensar, a buscar, a discutir sobre nuestra situación actual. Sobre qué tipo de cultura queremos o pretendemos no solo para nosotros, sino para nuestros hijos, para nuestros nietos. Esta tierra, la hemos recibido como herencia, como un don, como un regalo. Qué bien nos hará preguntarnos: ¿Cómo la queremos dejar? ¿Qué orientación, qué sentido queremos imprimirle a la existencia? ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué luchamos y trabajamos? (cf. Laudato si' 160).
Las iniciativas individuales siempre son buenas y fundamentales, pero se nos pide dar un paso más: animarnos a mirar la realidad orgánicamente y no fragmentariamente; a hacernos preguntas que nos incluyen a todos, ya que todo «está relacionado entre sí» (Laudato si' 138).
Como Universidad, como centros educativos, como docentes y estudiantes, la vida los desafía a responder a esta pregunta: ¿Para qué nos necesita esta tierra? ¿Dónde está tu hermano?
Que el Espíritu Santo nos inspire y acompañe, pues Él nos ha convocado, nos ha invitado, nos ha dado la oportunidad y, a su vez, la responsabilidad de dar lo mejor de nosotros. Nos ofrece la fuerza y la luz que necesitamos. Es el mismo Espíritu, que el primer día de la creación aleteaba sobre las aguas queriendo transformar, queriendo dar vida. Es el mismo Espíritu que le dio a los discípulos la fuerza de Pentecostés. Es el mismo Espíritu que no nos abandona y se hace uno con nosotros para que encontremos caminos de vida nueva. Que sea Él nuestro maestro y compañero de camino.